Rodando ando (anduve) aunque me caí


El punto de reunión fue el usual, afuera de la Parroquia del Señor de los Milagros, conocida coloquialmente como La Iglesia Azul, llegué un poco más tarde porque olvidé mi lampara delantera en casa y me tuve que regresar por ella, pero esperamos a que oscureciera totalmente para iniciar la aventura. En el primer semáforo me encontré a una profesora, compañera de trabajo, quien me preguntó si íbamos a una peregrinación, XD. Creo que le parecía ilógico que fueramos en las bicicletas un viernes en la noche sólo por el gusto.iglesia azul

Rodeamos el bosque de Aragón hacia la Av. 608 y como ya es habitual, comenzaron los aullidos en el paso a desnivel de Oceanía. Tomamos Transval hasta Reforma sin mayor contratiempo, incluso un conductor evidentemente alcoholizado irónicamente nos recomendó que tuvieramos cuidado con los conductores en estado de ebriedad.

Una vez que entramos a Reforma, fuimos todo derecho pasando por La Palma, El Ángel, La Diana hasta la Suavicrema, Monumento a la Corrupción Estela de Luz, hicimos una pequeña parada técnica para descansar un poco y fuimos advertidos de que de ahí en adelante el recorrido era pura subida. Al principio no se notó mucho, pasando el Auditorio Nacional se empezó a sentir un poco más pesada la pedaleada y pasando el cruce con periférico empezamos a sentir el rigor e hicimos los primeros cambios. Cabe destacar que en estas situaciones de subidas y bajadas juegan varios factores a favor y en contra. Por ejemplo los que traen bicicletas de ruta normalmente son más delgados y las bicicletas son menos pesadas, al contrario los que usamos bicicletas de montaña, que además de ser más pesadas, en mi caso tengo que remolcar 100 kg de subida. No todo es desventaja, más adelante lo descubrirán.

Durante la subida el grupo se fue separando y el punto de reunión era en una gasolinera al que llegamos después de unos eternos 20 o 30 minutos. Tomamos un pequeño respiro y nos enfilamos hacia la Barranca de Barrilaco, luego tomamos otra subida mortal hasta Paseo de las Palmas y fue ahí donde nos dimos cuenta que Choco se había perdido XD. Estábamos buscando un puente colgante que prometía ser algo apabullante, así que nos regresamos por la calle Sierra Aconcagua, todo de bajada y aquí es donde saca ventaja la bici de montaña ya que con mi peso y la inercia, ni siquiera tengo que pedalear y además al tener las llantas más anchas y la suspensión delantera, no tengo que preocuparme tanto por los desperfectos del asfalto.

Nos reunimos en una esquina de la Barranca, la cual fue rescatada y convertida en un parque y mientras Choco trataba de ubicarse en el GPS, los demás entablamos una amena conversación sobre diversos temas, incluyendo las experiencias de la rodada anterior, a la cual no pude asistir por problemas mecánicos; entonces comenzó a llover. Al principio era una lluvia tímida, como quien no se anima, por pena; a entrar en una habitación llena de gente desconocida pero que poco a poco va tomando confianza y deja ver su verdadera personalidad. De esta manera al principio nos bastó con colocarnos al cobijo de los árboles más frondosos del lugar, sin embargo después de unos minutos nuestro refugio se vió rebasado, incluso comenzó a granizar así que en un arranque de adrenalina, mientras algunos se quedaron al cobijo de una marquesina en la acera de enfrente; unos cuantos tomamos nuestras bicicletas y enfrentándonos a los ríos y cascadas (literalmente) y pedaleando sin cesar en subida llegamos a un refugio en la parte de afuera de una sucursal bancaria.

Nos quitamos parte de la ropa mojada, en mi caso la sudadera y mi chaleco reflejante. Estuvimos platicando y bromeando por un rato hasta que la lluvia aminoró la intensidad y el resto del grupo se unió a nosotros. Tomamos la decisión de que podíamos dar por terminado el recorrido ya que aún faltaba regresar a casa. Emprendimos el regreso y para contento de muchos, todo lo que sube tiene que bajar así que ahora ibamos de volada en bajada sobre los ríos y sus afluentes. Teniendo el debido cuidado de no caer en algun bache o coladera abierta, de esas que casi no existen en la CDMX pero no vaiga siendo;  llegamos hasta Periférico y al bajar hacia el Auditorio Nacional, ohh sorpresa, supuestamente estaba terminando el concierto de OV7 o algo así. El punto es que había demasiado tráfico para que el grupo pasara compacto así que tomamos la decisión de ratonear y reunirnos en la Estela de Luz.

Sorteando autos estacionados en triple fila, microbuseros agresivos, peatones inconscientes y agentes de tránsito cuyas capacidades se vieron rebasadas por tanto automóvil; logramos pasar el tapón y nos encontramos con una avenida casi para nosotros solos, como para echar carreritas hasta la suavicrema, por suerte ya no llovía y en el recorrido nos íbamos secando de a poco con el viento. Una vez que llegamos al punto de reunión decidimos descansar un poco y tomar algunas fotos. Después de unos minutos se acercaron un par de policías a preguntarnos cual era el motivo de nuestra presencia en aquel recinto y tras convencerlos de que no teníamos intenciones de vandalismo y/o iniciar un movimiento armado, sólo nos pidieron algunos datos sobre el grupo, como el número de integrantes o la zona en la que nos reuníamos.

Emprendimos el regreso sobre Reforma y Calz. de Guadalupe y luego sobre Robles Domínguez. Durante éste último trayecto nos fuimos separando y cada quien tomó la ruta más directa hacia su hogar. Cuando estábamos pasando el puente del Metro Deportivo Oceanía pasó lo inimaginable. Justo donde está el caracol para bajar a la avenida 608 hay una división en el piso del puente y mi llanta delantera cupo exactamente en ése hueco. Cabe destacar que siendo de noche y con el piso mojado el riesgo aumenta considerablemente. Todo sucedió como en cámara lenta, un instante antes me di cuenta de lo que pasaría y traté de voltear la llanta pero era demasiado tarde así que cuando sentí el jalón de mi bici hacia un lado, medio salté y caí con los pies aunque con la inercia que llevaba mi cuerpo se siguió moviendo tuve que hacer uso de la técnica milenaria mortal ninja gayden black así que traté de rodar sobre mi hombro y ahí me ayudo el casco, en la segunda vuelta quedé panza-arriba y agradecí que únicamente tuviera un raspón en la rodilla y que a mi bici no le hubiera pasado nada.

Lo más irónico de la situación es que después de todas las aventuras de la noche cuando estaba a unas cuadras de mi casa, tal vez más confiado, me caí. Llegué directamente a darme un baño y por suerte tampoco me enfermé. Una gran aventura que tuve para contarle a mi familia el fin de semana en casa de mis papás.

Por la lluvia no pude tomar muchas fotos en esta ocasión pero les dejo una galería con poquitas.

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Acerca de Flavio

29 años, geek guanabí, me gusta el metal y la música clásica, lector empedernido de novelas épicas, policiacas y de ciencia ficción; fotógrafo amateur, zombie una vez cada año, portero titular de Fut7 en 3 equipos, paracaidista en salto tándem, miembro activo de la Steeler Nation, catador de cervezas, cinéfilo por ocio, ciclista urbano y ‘buena onda’. @MundoRetorcido

Publicado el 10 agosto, 2015 en Biciardillas, bicicleta, Ciclismo, ciclismo urbano, Fotografía y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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